Sólo soy humano

Recuerdo claramente la conversación que tuvimos. Estábamos frente a frente, la lámpara encendida y la ventana abierta, y tú te excusaste diciendo “bueno, es que sólo soy humano”

Sí, recuerdo la tarde y el color del cielo que se veía del otro lado de la ventana. Recuerdo tus dedos tamborileando sobre la mesa y los ojos con los que mirabas hacia una de las esquinas del techo. Y recuerdo, recuerdo que alguien que pasaba junto a nuestra mesa te miró de repente, y con el ceño fruncido preguntó si se conocían. Dijiste que no y esa persona insistió en que tu rostro le parecía familiar.

Sonreíste, la persona se marchó, volviste a mirarme.

Recuerdo que te respondí algo, pero no recuerdo las palabras exactas. Recuerdo que te hablé de lo que podríamos estar haciendo el próximo año y te dije que, tal vez, la gente en nuestras vidas empezaría a cambiar. También te dije que las cosas saldrían mejor y te pedí que te animaras. Dijiste que lo harías, pediste otra taza de café, cerraste la ventana porque hacía frío.

Lo recuerdo ahora, y entiendo que algunas veces tomé a la ligera tus palabras. Porque cuando dijiste que sólo eras humano no pensé que llegaríamos a este momento. No pensé que, algún día, tu cuerpo fuera a arder en llamas hasta convertirse en cenizas, ni mucho menos que renacerías de ellas y extenderías tus alas.

No pensé que realmente fuera, para ti, un límite el ser sólo humano.

Recuerdo la conversación, recuerdo la tarde, el color del cielo y el suéter verde que llevabas ese día. Y sí, recuerdo tus palabras, recuerdo tus problemas. Recuerdo que te dije que nadie era perfecto, que yo no era perfecta y que tú tampoco lo eras, y tú te excusaste diciendo “bueno, es que sólo soy humano”

Mañana recordaré el color que ahora tienen tus ojos y la textura de tus alas, recordaré que la ventana estaba cerrada y que yo la abrí para que pudieras ver el cielo. Recordaré que lo hiciste, que lo hiciste y que abriste tus alas. Recordaré que saliste volando por la ventana y que ya no volviste. Sabré que no volverás.

Y recordaré que, recargada en el marco de la ventana, yo también me pregunté si sólo era humana.

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