La Plaza del Tiempo en Alemania

Nunca he ido a Alemania, pero estaba ahí.

Rodeada de pequeños arbustos, era una construcción de estilo medieval, con fuertes muros de color amarillo con toques rojos, y cientos de relojes de todos los tamaños. La plaza guarda el registro del Tiempo.

Estoy cansada y temblando de frío, con náuseas y ganas de llorar, como en otros tiempos. Estoy aquí ahora, y el Tiempo me recuerda que no siempre ha sido amable. A veces ha sido cruel, a veces ha sido una prisión. Pero es que yo también he actuado mal, y no puedo volver, el Tiempo me recuerda que no puedo solucionar esos errores.

Quisiera poder hacerlo. Ahora entiendo un poco mejor las cosas.

La Plaza del Tiempo, en Alemania, contiene los registros de todo lo que fue y lo que será. Una moneda dorada es suficiente para poner en marcha el oxidado ascensor que lleva hasta la torre más alta, con el reloj más grande. Puedes mirarlo, pero eso es lo único que puedes hacer. Contempla el trayecto de las manecillas, no van a detenerse, no lo harán nunca.

Y tú eres tan pequeña que no tienes importancia…

¿Cómo borro la historia de una vida? ¿Qué hago para que el futuro no duela más?

La Plaza del Tiempo no tiene respuestas. Para él ha sido un segundo, para ti han sido ya tres vidas.

Y las lágrimas fluyen, porque claro que iban a hacerlo, porque tenía que pasar. Hay que aceptar que a veces nos toca perder, que el Tiempo es algo mucho más grande que nosotros, que no hace favores ni busca dar consuelo. Todo lo que produce es un efecto secundario, casi accidental, algo no planeado. El Tiempo no lo sabe, no podría saberlo, no tiene la capacidad para entenderlo.

Tiempo.

El dolor emocional se convierte en dolor físico, explícame cómo lo hace, explícame cómo algo intangible transmuta de esta manera. Dímelo, por favor, ¿por qué lo siento? ¿Por qué me duele?

Tiempo, dime, ¿cómo lo detengo? ¿Qué puedo ofrecerte para que dejes de llevarte lo que aprecio? ¿Qué puedo darte para que me devuelvas lo que perdí?

La Plaza del Tiempo es fría, silenciosa y extraña. Cualquiera puede venir, cualquiera puede contemplar las manecillas de sus relojes. Cualquiera puede llorar y gritar, rogar por clemencia, caer de rodillas y golpear con los puños el suelo.

Cualquiera puede rendirse. El Tiempo no lo sabe, ni siquiera nos mira, no podríamos comprenderlo. No hacemos las preguntas correctas, no sabemos cómo comunicarnos, no podemos obtener respuestas. No usamos los mismos conceptos ni las mismas escalas, no hablamos el mismo idioma.

¿Qué hago para olvidar? ¿Cómo puedo pedir perdón sin volver al pasado? ¿Cuánto más tengo que esperar para dejar de sentirlo? Dime, por favor, ¿qué hago para volver a empezar?

Mis pasos resuenan en los amplios pasillos, mi cuerpo duele, estoy agotada. Tendré que volver a intentarlo, quizá en otro sueño, quizá en otro lugar, quizá en otro momento.

Quizá en otra vida si eso no basta.

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