Niveles de intimidad

Íbamos a toda velocidad. Las ventanas abiertas, el paisaje difuminándose en manchas de colores. Tú y yo, una amplia carretera, tus ideas y mis canciones.

Y también todos esos impulsos que suelen ser difíciles de controlar.

«Sólo un poco más rápido» te pedí, «sólo un poco más»

Si fuéramos más rápido, mis pensamientos se quedarían atrás. No podrían alcanzarnos y arruinar lo que siento. Sé que no es necesario darle un nombre, pero lo intento. Tal vez si tuviera un nombre podría controlarlo. Quisiera entenderlo.

Al final, tu compañía siempre me lleva al mismo lugar, el límite entre la admiración y la envidia, entre lo platónico y el deseo físico. Me llevas a las preguntas que más me cuestan entender, porque no quiero que te vayas pero tampoco necesito que te quedes. Por eso sólo te pido que vayas más rápido, sólo un poco más. Dejémoslo todo atrás.

«No podemos» me dices entonces, sin apartar la mirada del camino.

«¿Cuál es la prisa?»

Una pequeña mentira por aquí y dos silencios más. ¿No te parece absurdo lo difícil que es encontrar algo real? Podría tener tu cuerpo sin llegar jamás a tu mente, y entonces nada de esto habría sido real para mí.

¿Lo sería para ti? ¿Qué tan conveniente sería cruzar ese límite?

No quiero el papel protagónico, pero tampoco puedo dejar de envidiar a quienes comparten tus alegrías. Y estás aquí, a mi lado, ¿por qué eso no puede ser suficiente?

«Ve más rápido, por favor»

Viene la resignación, esa actitud complaciente por naturaleza. Me haces sentir tan pequeña cuando me explicas algo que no entiendo, vuelves a hacer la invitación de siempre. Creo que esto es todo lo que soy, soy sólo lo que puedes ver. Piel y huesos, y ojos que reflejan el impacto inminente.

Después todo ocurre tan rápido que no hay tiempo para entenderlo.

Los cristales estallan, el calor nos sofoca. El dolor es tan intenso que creo que ni siquiera puedo sentirlo ya. Yo sólo quería ir un poco más rápido para escapar. O tal vez siempre te he mentido, es posible que secretamente deseara llegar al punto sin retorno para que no pudieras frenar.

Si te soy honesta, lo había soñado cientos de veces.

Es sólo un nivel más de intimidad. ¿Es egoísta de mi parte?

La presencia física no es suficiente, siempre termino en el mismo dilema. Podríamos estar juntas y jamás sentirnos cerca. Podrías tenerme en tus brazos por una noche o dos y yo seguiría esperando a que pasara algo distinto. Nada sería suficiente, lo sé.

Es difícil respirar entre el humo y el metal fundido. Me parece que aún puedo escucharte pero no estoy segura de seguir con vida.

Quería algo más, pero no todo. Podría tener tu cuerpo sin que eso fuera lo que buscaba, podría intentar comprender tu mente sabiendo que jamás podría hacerlo.

¿No habría sido más fácil sólo preguntarlo? Es que no puedo formular la pregunta correcta. No sé si existe un nombre para lo que quiero de ti o para lo que quisiera compartir contigo.

Y ahora, ¿qué más da? No hay nada más que podamos vivir juntas, no hay nada más que el asfalto caliente sobre el que intento arrastrarme, no hay nada más que la sangre que brota de tus heridas, no hay nada más que los cristales rotos y el olor a gasolina.

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