Niña rara

El tiempo pasó y muchas cosas cambiaron, hay otras que nunca lo harán. Creo que podrías verme ahora y pensar que luzco distinta, pero si pones atención verás que sigo usando delineador rojo y barniz de uñas negro. Si pones atención verás que sigo teniendo esas peculiaridades de siempre, aún vivo en cinco mundos distintos en mi cabeza y sigo sin entender cómo iniciar una conversación sin ponerme ansiosa.

Esas cosas son constantes, son parte de mí, me hacen sentir que soy quien soy. Hace un tiempo dijiste que te gustaban, pero poco después te retractaste porque buscabas algo más convencional. Y claro, intenté volver a entrar en el molde, como siempre.

Pero no siempre fuiste tú, antes fueron los niños que no querían ver las mismas películas que yo, antes fue mi madre diciéndome que mejor no sonriera en las fotos, antes fueron los amigos que sólo me querían si me quedaba callada y dejaba que ellos tomaran todas las decisiones. Me acostumbré a ello, obviamente, y con el tiempo se volvió un poco más difícil hacer lo que realmente quería hacer.

Porque al parecer estaba mal que quisiera llevar el cabello con cortes no simétricos, o que quisiera cortarle una pierna a mi pantalón para usarlo así, o que me distrajera tanto inventando historias de fantasmas. No era tan diferente, pero siempre me etiquetaron como «la rara», y poco a poco eso hizo que se me dificultara relacionarme con otras personas. Así que la niña rara también se volvió solitaria, y en su pequeña lonchera de Las pistas de Blue empezó a llevar libros para no pasar los recesos tan sola. Pero claro, las cosas raras no iban a detenerse y los libros que habían en casa eran La Metamorfosis, Frankenstein, Un mundo feliz, El nombre de la rosa… Y los leyó antes de cumplir 12 años. Nerd.

Cuando lo pienso, creo que en realidad no era rara, sólo era tímida y estaba sola, y creo que todos asumían que si estaba sola y no tenía amigos era porque había algo mal en mí. Era un círculo en el que quedé atrapada y nunca logré salir realmente, porque incluso ahora siendo una mujer adulta seguiré siendo descrita como «un poco rara». Y a veces la gente dice que es en el buen sentido, pero yo no logro entenderlo.

A veces pienso que tengo que hablar con esa niña y decirle que está bien, que las cosas nos saldrán bien, pero no puedo mentirle y decirle que la sensación de ser diferente y de no pertenecer va a desaparecer, porque no ha sido así. Va a ser complicado, niña rara, porque sólo seguirás encontrando más diferencias. Te darás cuenta de que el querer pertenecer está peleado con tu sentido de la identidad, te darás cuenta de que no puedes mentirte por mucho tiempo, la curiosidad mórbida no se va a ir, los fantasmas tampoco, los miedos existenciales sólo van a aumentar, al igual que las ganas que sientes de besar a otra mujer. Tus pensamientos siempre van a girar en torno a cosas oscuras e irreales, y nunca vas a dejar de ser una nerd que lo investiga todo y que se encierra dentro de sí misma hasta entender las cosas. Nunca vas a dejar de escapar a los mundos que creas en tu mente cada vez que algo te preocupe, vas a visitarlos al menos tres veces por día y vas a inventar uno nuevo al menos una vez al mes.

Y el dilema entre ser perfecta y cumplir las expectativas o simplemente ser tú aceptando que no quieres ser perfecta jamás va a irse. Porque involuntariamente lo seguirás aparentando, irás por ahí siendo la hija perfecta, la estudiante modelo, la empleada comprometida… Pero al fondo, niña rara, nada es suficiente, podrías ganar un Nobel y seguirías buscando la manera de que las personas se sientan orgullosas de ti. Buscas una justificación, ofreces una disculpa por ser como eres.

No vas a olvidar la primera vez que te cortaste el cabello muy, muy corto, estabas feliz por hacerlo pero las palabras que escuchaste fueron «no se ve bien, te veías mejor antes», tampoco vas a olvidar a las señoras que murmuraban que no dejarían que sus hijas se arruinaran el cabello así. Tampoco vas a olvidar cuando te preguntaban por qué ibas disfrazada a los convivios escolares, y tú con la cara ardiendo apenas podías decir que no era un disfraz, sólo era tu ropa, ropa que habías diseñado porque soñabas con ser diseñadora de modas.

No vas a olvidar que la maestra te llamó para preguntarte por qué habías escrito algo tan feo en tu tarea, y tú dijiste que las historias de fantasmas deben tener finales feos, pero a la maestra no le pareció una respuesta válida y te pidió que lo repitieras, así que cambiaste el final y la historia se volvió aburrida pero al menos conseguiste una buena calificación, como siempre.

Tampoco vas a olvidar que a los 12 buscabas guía en Yahoo respuestas para entender qué sentías, y que te convenciste a ti misma que sólo era imaginación tuya y lo reprimiste hasta los 19, hasta que ya no podías seguir negándote una parte de tu identidad. Y fantástico, si todo el mundo ya te describía como «rara», ahora con más razón lo iban a hacer, ¡imagínate todo lo que dirán cuando la rara que no habla con nadie y que se viste como un intento de Tilo Wolff de bajo presupuesto les cuente que fantasea con mujeres y no con hombres! Ah no, espera, ¡fantasea con ambos! ni siquiera puede decidirse por algo, es mucho peor, seguro sólo lo hace para llamar la atención…

Niña rara, eso no va a cambiar. Aprendimos a ser más sociables, tenemos un par de amigos, hay quienes piensan que somos cool, pero incluso con eso seguimos siendo las raras. En algún momento nos vamos a enamorar de alguien que nos dirá que ser diferentes nos hace atractivas, pero después nos romperá el corazón diciendo que no quiere que le relacionen con alguien como nosotras. Niña rara, esto es lo que nos toca, sé que vas a luchar contra ello e intentarás ser «normal», pero desde ahora te aviso que vas a fallar, siempre vas a fallar porque eres muy honesta contigo misma. No vas a sacrificar tu identidad, ni siquiera por «amor».

Ojalá entendiera por qué somos raras, niña rara, quizás algún día lo sepa y te lo explicaré. Por ahora sólo quiero estar en paz contigo, y quiero que estés en paz conmigo. Empecemos por aceptar que no hay nada malo con estar un poco fuera de lo convencional. Te encantan las novelas, sabes que hay todo tipo de personajes, pues bien, en esta vida nos toca ser el personaje raro, y está bien, alguien tiene que hacerlo. Y nos conocemos, sabemos que no hacemos nada a medias, si hay que hacer algo hay que hacerlo perfecto, si hay que ser raras, hay que ser las más raras entonces, nunca hemos tenido un punto medio.

Ahora ve a dormir, niña rara. Sé que te esperan experiencias muy difíciles, pero te prometo que haré todo lo posible para que sanemos de ellas.

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