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¿Has escuchado esa canción de Salvia Palth?

I was all over her

Lo estaba. Yo moría por ella, y ella lo sabía. Sabía que yo era ese tipo de chica que vive en los extremos. Era todo o nada, era sentirlo todo o no hacer nada en absoluto. Por eso sabía que no me era indiferente, que yo moría por ella.

Ella vivía en los puntos medios que yo rechazaba. Las cosas a medias no me van, querida, pero no había manera de decirle que no a esa sonrisa torcida que guardaba en el bolsillo. Bastaba con que apenas lo insinuara para que yo ya estuviera expuesta ante sus ojos esperando migajas de afecto.

Y, como lo dice la canción, tal vez simplemente se trataba de que yo era solitaria. No le quito el mérito, pero no era difícil deslumbrarme. Me encariñé rápido, como siempre, y olvidé que me había prometido a mí misma ser un poco más consciente la próxima vez que me topara con una cara bonita.

El departamento estaba vacío, la tormenta eléctrica nos había dejado a oscuras. Apenas podía ver su silueta por la luz que entraba por la ventana.

Sabes que hablo de ti, ¿no es así?

Porque tú recuerdas ese día, esa tormenta y ese número. Y aunque ahora la distancia nos separa, siempre has mantenido la esperanza de encontrarte con un espejo para verte reflejada en mis palabras. Sé que te sientes satisfecha, que al fin lo lograste, que te apropiaste de un cómodo espacio en mi pequeña cabeza.

Pero es todo o nada, amor mío, y me temo que no hubo espacio para las dos.

Marcaste esos tres números sobre mis costillas, yo marqué tres números distintos sobre tus caderas. La tormenta no paraba y el ruido empezaba a ser insoportable. Sólo quedó de lado cuando pronunciaste (o gritaste) mi nombre con las mejillas ardiendo.

Eso fue todo, eso fue nada. De eso se trata la vida en los extremos.

Yo moría por ella, por supuesto. Ella murió por mí esa tarde, sólo esa tarde y nunca más.

Y la vida siguió, claro está. Trescientos noventa y doscientos ochenta, lo único que queda entre nosotras, números en la piel que nos recuerdan cómo se sintió morir. Cariño, si no se pudo ser todo no puedes culparme por elegir ser nada. Era la respuesta lógica, era el camino que sabías que tomaría.

Y eso fue todo, eso fue nada.

Eso fue cuando yo moría por ella.

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