El dueto de piano

En otro universo, vi el video y pensé en tí.

Recostada en mi cama, con las luces violetas reflejadas en el espejo y los libros pendientes a punto de caer del escritorio. Vi el video y pensé en ti, así que te lo envié.

—Para nuestra boda —te dije a modo de broma—. Necesitamos a alguien que sepa tocar el piano.

Tardaste apenas un par de minutos en responder. Me dijiste que tendría que pedirte matrimonio primero, pero que sí, que esa canción definitivamente tendría que escucharse en nuestra boda. Era obvio.

Una hora más tarde escuchaba tu voz por el teléfono, cantando una canción que acababas de inventar para acompañar las notas del piano, y yo sólo pensaba en lo estúpidamente enamorada que estaba de ti, así que te lo dije, te lo dije una y otra vez hasta que, entre risas, me pediste que parara.

— ¿Por qué tanto romance hoy?

No importaba, yo simplemente no podía dejar de pensar en que era una suerte tenerte a mi lado, y que no quería pasar ni un sólo día del resto de mi vida sin escucharte reír. Dios, yo hubiera dado absolutamente todo por ti.

— Van a decir que estamos locas, ¿no? Imagínate, una canción de una película sobre un cadáver siendo el tema principal de una boda, sería muy raro.

— La película trata de una boda, así que sigo creyendo que es apropiado.

— Bueno, podría ser una boda temática. Yo quiero ser Emily, tú puedes ser Victor, o Victoria, para darle un giro inesperado a la trama.

Volviste a reír, volviste a reproducir el video e inventaste una nueva canción. Te escuché cantar tres versiones diferentes hasta que al final te rendiste y dijiste que el dueto de piano, sin voz, era la mejor opción. Después preguntaste cuánto tiempo nos tomaría aprender a tocar el piano, quizás podríamos tocarlo juntas, como en la película. Sería romántico.

— Aunque ellos no terminan juntos al final, pero bueno, podemos omitir ese detalle.

Y ese detalle fue el presagio de esta realidad, del mundo en el que esto jamás ocurrió porque la vida no nos dejó llegar tan lejos.

Recostada en la cama, con las luces violetas reflejadas en el espejo y los libros pendientes cayendo del escritorio, escuché el dueto de piano de tu película favorita y después escribí estas palabras, pensando en lo mucho que me hubiera gustado que hubiéramos aprendido a tocar el piano juntas y no tuviéramos que esperar hasta la siguiente vida para hacerlo.

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