Pisar el freno (Niveles de Intimidad II)

Viajar junto a ti es sencillo, puedo cerrar los ojos y confiar en que me llevas por el camino correcto. Después de todo, tú conoces mejor que nadie estás calles-laberinto.

No es justo de mi parte dejarte toda la responsabilidad y sólo disfrutar del viaje, pero en este punto no hay nada mejor que pueda hacer. Sabes bien que nunca ha sido falta de interés, no, es sólo que tengo miedo. Si me dejas al volante, pisaré el freno a fondo y haré que te vayas. Es eso o seguir hasta el final, hasta que mi mente vuelva a llevarme a esos deseos raros de causar un accidente a la mitad de la carrera. Diría que morir juntas sólo es otro nivel de intimidad, que tenemos que sentirlo juntas, que así estaremos irreversiblemente conectadas. Sabotaje autodestructivo, un mal hábito que no es fácil abandonar.

La verdad es que me aterra el dejarme llevar otra vez, ir tan lejos que termine perdida y que tú seas lo único a lo que me pueda aferrar. Pasó antes, en otros tiempos y con otros rostros, con la arena caliente quemando mi piel a cada desesperado paso que daba tratando de encontrarme. Profundamente íntimo, profundamente doloroso. No quiero volver a sentirlo porque no lo podría soportar.

Pero viajar contigo es sencillo y me hace bajar la guardia. Dices que vas a llevarme a cualquier lugar al que quiera ir, y te creo, porque fui tú cuando alguien más era yo, porque entiendo cómo me veo a través de tus ojos, porque sé cuál es el nivel de intimidad que deseas. Lo que sientes no me es ajeno, y aunque a veces no lo pueda demostrar, necesito que sepas que es mutuo y que es real.

Pero tengo miedo, y aunque tú conduces, estoy lista para pisar el freno y evitar que vayamos más lejos. No quiero perderte, querida, pero tampoco quiero volver a perderme a mí misma. ¿Qué hago? ¿Cuál es el límite? ¿Qué tanto me puedo proteger sin llegar a dañarte?

Siempre dices que deje de preocuparme, que no intente controlarlo, que lo deje fluir. El camino es largo y el terreno suave, está todo el tiempo del mundo para nosotras. Incluso si nos perdemos, encontraremos la forma de volver al lugar del que partimos. Baja la guardia y siente el aire, yo te cuido.

El deseo de causar un accidente y arruinarlo todo sigue ahí. Si termina al mismo tiempo nos evitamos el dolor de la despedida. El impacto será rápido, será tan fuerte que no tendremos tiempo de procesarlo, ni siquiera dolerá. Sangre y huesos, un nivel de intimidad que no se comparte con nadie más.

El dilema persiste, tú conduces con tranquilidad. Me dejo llevar a donde tú quieras, pero estoy lista para pisar el freno o el acelerador cuando sea necesario. Todo o nada, siempre o nunca.

No importa, tú me cuidas.

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