Victoria

Quería que me importara, pero al final fue irrelevante.

Los bloques de mármol se alzaron, imponentes, haciendo crujir a la tierra. Neblina azul, humedad salada.

Las aves cantaron con desespero, las serpientes subieron y brillaron con la luz de la luna. Esperé que la sangre brotara de mis ojos y que el fuego consumiera mi cuerpo desde el interior, pero no pasó.

La destrucción pronosticada no llegó. No lo sentí, no lo vi, no lo escuché.

Y yo pensaba que, teniendo el veneno tan cerca, mi destino sería rendirme, pero ni siquiera me di cuenta de que el cataclismo había terminado cuando yo empezaba a prepararme.

Seguía con vida, intacta. Victoriosa.

Es posible que yo no porte la corona, pero no me ha dolido el confirmar que las promesas no fueron para mí.

A veces, la falta de sensibilidad me hace desear abrir la herida. Escarbar entre los tejidos cicatrizados hasta encontrar el recuerdo del veneno. Volver a beberlo, volver a morir, volver a renacer.

Pero el mármol se ha alzado hoy, y no me di cuenta. Sé que podría clavar una navaja en la herida y no volvería a sangrar.

Y ahora, con la certeza de la victoria en mis manos, mantengo mi promesa de no ofrecer el perdón. Porque no fui destruida, pero yo sigo deseando destruir.

Estaba lista para la guerra, estaba lista para pelear. Si no fue mi sangre, la de alguien más será.

2 comentarios sobre “Victoria

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