La mujer de abril

La mujer de abril murió hace años, y yo lo recuerdo como si hubiera sido ayer.

La vida siguió.

Ella murió en un verano más frío que el invierno. Su alma se congeló y su cuerpo pereció.

Ella había sido hermosa en la primavera, con sus mejillas rosas, su risa graciosa y sus películas en blanco y negro.

Siempre amaré a la mujer de abril.

La mujer de septiembre ya no era la misma. En otoño era alguien a quien ya no podía reconocer.

Entiendo que todas las personas cambian, pero ella no lo hizo. Ella murió y después renació, como un fénix.

Y aunque me tranquiliza saber que algo de ella aún persiste, duele saber que no volveré a ser quien era en abril.

Ya no volveré a ser esa mujer. Me quedaré en el otoño hasta que la mujer de septiembre decida morir.

Que descanse en paz la mujer de abril.

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