El sueño de la mariposa

Un sueño púrpura, de cielos rosas y largos caminos solares. Ese es el sueño de la mariposa.

Cada aleteo produce una nota distante, y alguien canta en un idioma que parece no existir en este mundo. El sueño, claro recuerdo nostálgico, está cubierto de un resplandor nacarado.

Cada palabra debe ser acompañada por un movimiento lento, porque en ese jardín se tiene que ser cuidadosa de no despertar al demonio que duerme debajo de cada una de las cosas bellas que hay en el mundo.

El espíritu de la suave lluvia de primavera baila abrazado a las hojas muertas del otoño.

Movimientos lentos, muy lentos. No hay que agitar el aire demasiado o podrías despertarlo.

Las gotas del rocío se divierten deslizándose por los pétalos de las flores y robándoles sus aromas.

Movimientos lentos, muy lentos, o el demonio podría devorarlo todo.

Uno a uno, en silencio temeroso, los granos de polen se desprenden y se quedan pegados en las patas de una abeja.

El espíritu de la suave lluvia de primavera ha dejado de bailar. Las hojas muertas del otoño crujen y podrían despertarlo. Todo el jardín parece contener la respiración.

Un beso gentil, el demonio sigue durmiendo.

Movimientos lentos, muy lentos. La mariposa quiere volver a la floresta antes de que el cielo se vuelva gris. Antes de que la canción termine y el demonio abra sus vacíos ojos desprovistos de vida.

Las hojas muertas están quietas, muy quietas, y el espíritu de la suave lluvia de primavera teme convertirse en la tormenta del verano.

Del frío invierno no hay rastro.

Las burbujas iridiscentes se elevan desde algún sitio. La mariposa sabe que está en un sueño y deja de temer que el demonio despierte, porque ella volverá a la floresta y todo estará bien.

Una gota de rocío cae sobre las hojas muertas. Una se quiebra y el jardín entero vuelve temblar de miedo. La canción también está terminando y el cielo parece estar molesto.

Movimientos rápidos, muy rápidos. Todos quieren ocultarse.

Y la mariposa quiere despertar, pero no puede hacerlo. La floresta ya no existe y ahora sólo está ella, perdida en la pesadilla púrpura de cielos rosas y caminos lunares.

Cada aleteo es una nota distante acompañada por el canto de algún espíritu. Pero sus alas están cansadas y quiere detenerse sobre la punta de la estatua de mármol que decora el jardín.

Los otros espíritus le piden que no se detenga, porque si sus alas se detienen la música acabará.

Pero sus alas son tan pesadas…

Movimientos lentos, muy lentos, hasta que las alas se detienen.

La puerta metálica que delimita al jardín olvidado cruje y el idioma de la canción desaparece.

Movimientos lentos, muy lentos.

Y una corriente de viento frío hace crujir a las hojas muertas.

Movimientos lentos, muy lentos. Todos cierran los ojos.

Y se abren los del demonio que duerme debajo de cada una de las cosas bellas.

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